Internet: navegando en oportunidades

Sergio M. Urrutia Donoso
Docente
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas
Universidad Central

Es sabido que Chile es uno de los países con mayor conectividad a internet en América Latina. Así quedó demostrado, una vez más, por el ranking de la World Wide Web Foundation que mide el uso de internet a nivel mundial, y cuyo resultado nos catapultó hasta la posición 19, liderando esta parte del continente por encima de Brasil, en una clasificación que releva a 61 países y cuya primera posición es ostentada por Suecia.

A nivel local, la última encuesta nacional de acceso y uso de internet en el país, realizada por la Subsecretaría de Comunicaciones, constató que el 70% de los chilenos son usuarios habituales de la red.

Indudablemente que la incidencia de la telefonía móvil tiene una clara responsabilidad en el aumento de las cifras, toda vez que hay 25 millones de teléfonos celulares circulando entre los 17 millones de chilenos, es decir, tenemos 1,5 de estos aparatos por cada habitante.

La cifra se abulta más cuando hacemos alguna discriminación etárea: el 93% de los usuarios de internet es joven, con edades que fluctúan entre los 16 y 29 años; y se estrecha cuando nos acercamos a los adultos mayores, puesto que solo un 30% de ellos utiliza la red.

Ahora bien; la llamada red de redes está tan validada como medio de comunicación que incluso, son plataformas de crecimiento horizontal para los mismos y cuyos usos, incluso, tienen que ver con las funciones que estos últimos han declarado a lo largo de la historia; informar, entretener, educar. Ello, porque el usuario de internet busca a través de la red información, de todo tipo; la emplea para comunicarse con otros sumergiéndose en un mundo que, además, brinda entretención, y también se conecta con fines educativos.

Es en este último punto donde surgen las alertas, o por lo menos, algunas consideraciones a tener en cuenta, por cuanto internet si bien es depositaria de cultura, también lo es de rumores, de especulaciones, de lo que se dice, de lo que se piensa, de las letras de sujetos pasivos y anónimos que no aportan con información de calidad, validada, y que de no mediar una discriminación previa del usuario, lo puede terminar desinformando.
En medio del mar de información que proporciona internet, hay que saber navegar y también aprovechar las oportunidades de negocio, porque precisamente, acaso como una paradoja, los consumidores están más informados, y también más expuestos a lo que se dice de tal o cual producto o servicio.

Entonces, si Chile es el país de América Latina con mayor penetración de internet, ello marca un escenario favorable para el desarrollo del comercio electrónico, una herramienta que está a un clic de distancia, pero ante la que se debe tener en cuenta que el cliente cambia permanentemente y sigue cambiando, que es útil en cuanto permita reducir los costos de transacción, sea simple de usar y posibilite acortar los largos tiempos de espera.

Hay ahí una nueva oportunidad de interrelación con clientes que detrás de las pantallas, navegando por la red, buscan nuevas experiencias a merced de una conectividad positiva y en la que Chile parece llevar la delantera.