Nosotros que nos queremos tanto ¿Y el turismo cuándo?

 

Alejandro Moreno Dupuy
Licenciado en Turismo – UISEK
Magíster en Marketing – UCH
Gerente de Proyectos
Centro de Competitividad de la Universidad del Pacífico

¿Les ha gustado el país?, ¿Qué es lo que más les ha llamado la atención de Chile? Éstas son algunas de las típicas preguntas que hace cualquier compatriota a los turistas que visitan nuestro país. Afortundamente, las respuestas que reciben son las que a cualquier persona que quiere a su tierra le gustaría escuchar: que es un país muy limpio, seguro, organizado y con atisbos de modernidad, que lo sitúan como un referente en la región.

Asimismo, dentro de la consciencia colectiva de nuestra sociedad, también se palpa el orgullo y un especial afecto cuando se habla de nuestros atractivos al recomendar con mucha convicción destinos y experiencias a visitantes extranjeros, lo que nos empodera como promotores perpetuos e innatos de nuestras bondades y atributos naturales y culturales.

Indagando más en las cifras e indicadores del turismo nacional, existen análisis y estudios que -a nivel sudamericano- posicionan a Chile en el tercer lugar, después de Brasil y Argentina, entre los países receptores o con mayor cantidad de visitas de turistas internacionales. Adicionalmente, el “Índice de Competitividad Global” sitúa a Chile como el más competitivo en ese mismo contexto territorial.

Esto último, es puesto en evidencia y relevado por el último “Reporte de Competitividad Turística 2015”, elaborado por el World Economic Forum (WEF), organismo que año a año realiza un análisis específico de una serie de variables que contribuyen a la competitivad en ámbitos turísticos de 141 países, ranking en el cualChile se sitúa en el lugar 51º a nivel global, sitial que desde casi una década no ha sufrido variaciones.

En ese contexto, otro logro nacional en el ámbito turístico mundial es que este mismo reporte –en su versión 2014/2015- al analizar el macrocontexto competitivo de Chile lo sitúa en el lugar 33º a nivel global, posición que lo distingue como el que presenta las mejores cifras en esta área en Sudamérica.

Sin embargo, nuestro liderazgo se extiende más allá de América Latina. El mismo reporte del WEF muestra cómo en variables como “La seguridad y protección que presenta el país a sus turistas”, superamos a potencias mundiales como España y Francia, ocupando la posición 30º. Otra de las variables favorables es el “Clima de negocios del país”, donde alcanzamos el lugar 29º a nivel mundial.

Desde la perspectiva del emprendimiento en turismo, el ecosistema interno de negocios se evalúa de manera positiva, ya que nuestro país ostenta un saludable lugar 13º y 23º a nivel mundial, bajo en el contexto de los indicadores denominados “Costo para comenzar un negocio turístico” y “Tiempo requerido para iniciar un negocio”, respectivamente.

Desafíos latentes

La luz de alerta de los últimos reportes, sin embargo, está dada principalmente por algunas brechas que se apegan al ámbito cultural e institucional interno y que tienen una estrecha relacióncon los subindicadores que se analizan. Por ejemplo, “El grado de orientación de las empresas del sector turístico a los clientes” nos sitúa en el lugar 87º. Sin hilar muy fino, esta evalución deja en evidencia la histórica deuda que tenemos en la gestión de satisfacción de clientes, producto de las actitudes y competencias básicas del personal en contacto con los turistas o clientes tienen graves falencias, en su mayoría relacionadas con la amabilidad, la cortesía, la cordialidad, la hospitalidad y la tan añorada actitud de servicio, donde la mayoría de los países latinoamericanos nos superan con creces.

Otro subindicador crítico proviene desde la institucionalidad, donde ostentamos una de las más preocupantes ubicaciones. En el ámbito de la “Priorización del gobierno hacia el turismo”, estamos en el puesto 107ºentre los 141º países analizados.

Con estas cifras sobre la mesa cabe preguntarse, ¿qué nos falta? Si tenemos una gran variedad de indicadores que nos posicionan en un auspicioso escenario de demanda y contamos con recursos claves para aspirar a mucha más prosperidad y bienestar del que hoy tenemos la pregunta es más que válida.

El turismo tiene grandes oportunidades y dinamismo tanto en Chile como en el mundo, es una industria que crece a grandes pasos y es por eso que desde nuestro contexto y siendo el país más competitivo e innovador de Sudamérica en este sector de la economía, nace la pregunta ¿Qué acontecería si el turismo realmente fuera una industria prioritaria en Chile?

Sin duda alguna, el turismo chileno se instala siempre como un sector que está rodeado de grandes expectativas, de una convicción y aspiraciones que dejan en claro que es una industria que gusta, seduce, pero que dados los antecedentes y las variables críticas evidenciadas, necesita desde hoy la ejecución de acciones contundentes para consolidar la fortalezas que posee.

Los esfuerzos deben estar concentrados en la creación en un macroentorno que propicie la consolidación de una cultura del turismo que sea empujada por la institucionalidad y que aborde las materias y tareas que tenemos pendientes con medidas robustas y de largo plazo.

El turismo en Chile debería ser sensibilizado desde edades tempranas, por ejemplo en los colegios, y también involucrando a toda la ciudadanía a través de campañas sistemáticas y permanentes en medios de comunicación masivos.

Chile, más que necesitar, merece una cultura volcada hacia la hospitalidad, para hacer gala de sus singulares y fascinantes atractivos, con una mirada de futuro, recursos apropiados y liderazgos empoderados que se constituyan en los boletos para un viaje que tiene todo un mundo de oportunidades por capturar.